Todos
los personajes de este cuento, llámense como se llamen, no son más que
fantasmas, cuya única realidad es la memoria.
Esta frase, que no prosperó en libro, pertenece al borrador de un relato. Bien
leída, dice más que todos los intentos de filiar la literatura de Manauta a una
escuela o generación. Para usar los términos de Sergio Delgado en el liminar,
lo que late en esta narrativa es la «tensión entre lo vivido y lo
representado».
Pretendo que detrás de todo esto hay
algo inaccesible, y en tanto lo escribo, me revelo yo mismo, me ilumino y me
muestro sin rubor, por vez primera y única, como si acabara de nacer.
Con humilde paso de sabio, Manauta transita el camino de la novela al cuento,
en un gesto que, además de original, consolida su proyecto literario. Abrevando
en la memoria de la tierra de su infancia, su lenguaje gana cada vez más en precisión
y la «intensidad lírica de su prosa» lo lleva a ser, siguiendo la afirmación de
Federico Bibbó en la introducción, «uno de los más notables narradores de la
literatura argentina del siglo xx».
Palpita en estas páginas el compromiso, que no se agota en la lucha por bienes
materiales. También para el hombre «los pastores de imágenes» apacentan
rebaños de palabras.
Esta segunda edición de los Cuentos
completos de Juan José Manauta (Gualeguay, 1919-Buenos Aires, 2013)
incorpora nuevos materiales: un cuento, relatos breves, una novela y otros
textos inconclusos, ensayos, conferencias, entrevistas, críticas, cartas,
facsímiles, ilustraciones, fotografías. Además, por primera vez, se
ofrecen lecturas del conjunto de su cuentística. Completan el volumen una
cronología, una bibliografía y notas preparadas para esta edición. De alguna
manera esta obra es –y ahí nace el homenaje a su autor– un nuevo comienzo.